• @karlisjar
    Los símbolos nunca callan, así nosotros nos hagamos los sordos
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    Duermes en lo que escribo/ y lees en lo que sueño
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    La hora es un compás seguro

La Poesía Alcanza

Pueblos, cuerpos (II)

  

   Mundo al revés

 

¿Qué es esto por Dios, qué es esto?

nacer ser adulto

trabajar.

 

¿Quién ideó este orden, quién ideó?

misti saqueadores

sin corazón.

 

¿Quién manda aquí, quién ordena?

si somos la mayoría

y humanos.

 

¿Cuándo cambiará esto, cuándo el mundo?

si todo está al

revés

 

(Poema de origen aymara, recopilado en la sierra de Perú y Bolivia por José Luis Ayala).

 

 

   Plegaria al sol

   (fragmento)

 

Cubre tu cabeza con tu manto rojo

con el agua roja pinta tu frente y emerge

hombre Sol

hombre del verano

orondo sal.

Con el agua roja pinta tu frente y emerge

resecando las piedras grandes del río y a todo

resecando los cerros altos y a todo

hacia oriente

hacia oriente

quemando

resecando

el cerro alto

resecando a todo

hombre Sol

hombre del verano

orondo sal.

 

Tu pajarillo rojo de colores pintado

está silbando

el gran guacamayo rojo

volando volando pasea

el ave amarilla de colores pintada

volando volando pasea

hombre Sol

hombre de verano

orondo sal.

 

Hacia oriente

hacia oriente

resecando

las cumbre del cerro alto alúmbralo

la copa del árbol gigante alúmbrala

hacia oriente

resecando a todos

hombre Sol

hombre del verano

orondo sal.

 

(Canto cashibo, pueblo de la Amazonia peruana, compilado por Alejandro Romualdo).

 

 

   Todo lo viviente

 

   Todo lo viviente está unido por un cordón umbilical. Las altas montañas y los arroyos, el maíz y el búfalo que pace, el héroe más valiente y el tramposo coyote.

 

(Habla un sioux mayor. Recopilado en Estados Unidos por Richard Erdoes y Alfonso Ortiz)

 

 

   La gente civilizada

 

   La gente civilizada depende demasiado de las páginas impresas por el hombre. Yo me vuelvo hacia el libro del Gran Espíritu, que es la totalidad de su creación. Puedes leer gran parte de ese libro si estudias la Naturaleza. Si llevas todos tus libros a la pradera, los dejas bajo el sol, y permites que la nieve, la lluvia y los insectos trabajen en ellos por un tiempo, no quedará nada. Pero el Gran Espíritu nos ha dado, a ti y a mí, la oportunidad de estudiar en la universidad de la naturaleza: los bosques, los ríos, las montañas, los animales y nosotros incluidos.

 

(Walking Buffalo, stoney, compilado y traducido por O. Rao).

 

   (De "Colibríes encendidos, aborígenes americanos", Colección Poesía Mayor, Editorial Leviatán, Buenos Aires, 1998).

 

 

   Violeta Parra

 

   Arauco tiene una pena

 

Arauco tiene una pena

que no la puedo callar,

son injusticias de siglos

que todos ven aplicar.

Nadie le ha puesto remedio

pudiéndolo remediar,

¡Levántate, Huenchullán!

 

Un día llegó de lejos

huescufe conquistador

buscando montañas de oro

que el indio nunca buscó.

Al indio le basta el oro

que le relumbra del sol.

¡Levántate, Curimón!

 

Entonces corre la sangre,

no sabe el indio qué hacer,

le van a quitar su tierra,

la tiene que defender.

El indio se cae muerto

y el ajuerino de pie.

¡Levántate, Manquilef!

 

Adónde se jue Lautaro

perdido en el cielo azul

y el alma de Galvarino

se la llevó el viento sur.

Por eso pasan llorando

los cueros de su cultrún.

¡Levántate, pues, Calful!

 

El año mil cuatrocientos

que el indio afligido está,

a la sombra de su ruca

lo pueden ver lloriquear.

Totora de cinco siglos

nunca se habrá de secar.

¡Levántate, Curiñán!

 

Arauco tiene una pena

más negra que su chamal,

ya no son los españoles

los que les hacen llorar.

Hoy son los propios chilenos

los que les quitan su pan.

¡Levántate, Quilapán!

 

Ya rugen las votaciones,

se escuchan por no dejar,

pero el quejido del indio,

¿por qué no se escuchará?

Aunque resuene en la tumba

la voz de Caupolicán:

"¡Levántate, Callupán!"

 

(De "Violeta Parra, Poesía", edición de Ernesto Pfeiffer y Cristián Warnken, con recopilación, estudio y notas de Paula Miranda, prólogo de Rosabetty Muñoz y epílogos de Pablo de Rokha, José María Arguedas, Gonzalo Rojas, Pablo Neruda y Nicanor Parra; Editorial de la Universidad de Valparaíso, Chile, 2016. Violeta Parra nació en San Carlos, Región de Chillán, sur de Chile, en 1917. Influida por la inclinación musical de sus padres, a los nueve años se inició en la guitarra y el canto, y a los doce compuso sus primeras canciones. Con apoyo de Nicanor entre sus ocho hermanos, recorre zonas rurales, recopila música folclórica y realiza sus primeras grabaciones. Compone canciones, décimas y también música instrumental. Entre otras actividades, se dedica también a la pintura y la escultura. Viaja en 1954 a Polonia, recorre Europa y la Unión Soviética y vive dos años en París, donde toma contacto con numerosos creadores, al tiempo que graba sus primeros discos. De regreso en su país, desarrolla una intensa actividad creativa, impulsa acciones culturales, crece su figura como folclorista pero en un contexto hostil, sin ser reconocida como poeta, limitación que se prolonga, en algunos ámbitos, hasta la actualidad. En los 60 realiza más viajes y, tras pasar por Argentina, vuelve a Europa. Expone sus tapices en arpillera en el Museo del Louvre, entre otras actividades. En 1966 graba el disco “Las últimas composiciones”, que incluye “Gracias a la vida” y “Volver a los diecisiete”, las canciones que la consagraron internacionalmente y que acumulan infinidad de versiones. Se suicidó en 1967, cuando tenía 49 años, en su carpa de La Reina, en lo que se cree tuvo relación con sus frustraciones amorosas. Esta edición de la Universidad de Valparaíso es para varios críticos y académicos la aceptación, tardía, de su condición de poeta).

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