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La Poesía Alcanza

Un poema para 2018 (III)

 

  Poetas y lectores de La Poesía Alcanza aceptaron nuestra invitación y proponen poemas para cruzar el umbral y recibir el Año Nuevo. Algunos escribieron especialmente un poema alusivo y lo enviaron. Otros eligieron poemas escritos con anterioridad. Otros, autores y poemas de su preferencia. Esta es la tercera serie que se debe a esas propuestas. A todos y todas, por igual, muchas gracias.

 

   Pablo Neruda

 

   Oda a las gracias

 

Gracias a la palabra

que agradece,

gracias a gracias

por

cuanto esta palabra

derrite nieve o hierro.

 

El mundo paecía amenazante

hasta que suave

como pluma

clara,

o dulce como pétalo de azúcar,

de labio en labio

pasa

gracias,

grandes a plena boca

o susurrantes,

apenas murmulladas,

y el ser volvió a ser hombre

y no ventana,

alguna claridad

entró en el bosque.

fue posible cantar bajo las hojas.

Gracias, eres la píldora

contra

los óxidos cortantes del desprecio,

la luz contra el altar de la dureza.

 

Tal vez

también tapiz

entre los más distantes hombres

fuiste.

Los pasajeros

se diseminaron

en la naturaleza

y entonces

en la selva

de los desconocidos,

merci,

mientras el tren frénetico

cambia de patria,

borra las fronteras,

spasivo,

junto a los puntiagudos

volcanes, frío y fuego,

thanks, sí, gracias, y entonces

se transforma la tierra en una mesa.

una palabra la limió,

brillan platos y copas,

suenan los tenedores

y parecen manteles las llanuras.

 

Gracias, gracias,

que viajes y que vuelvas,

que subas

y que bajes.

Está entendido, no

lo llenas todo,

palabra gracias,

pero

donde aparece

tu pétalo pequeño

se esconden los puñales del orgullo,

y aparece un centavo de sonrisa.

 

   Este poema fue propuesto por Elyzabeth Yoval, de Austin, Texas (@Elyzabeet).

 

 

   Carlos Juárez Aldazábal

 

   Travesía

 

Entonces vendrá un soplo

que hará del barro tu destino

y tu destino será la sequedad y el agua,

la piel ajada en el umbral de la risa.

 

No se detiene el clamor en el silencio.

Sube amparándose en el muro,

y aunque el mar lo calle de un manotazo

no se detiene ni en la sed, ni en la sal, ni en las heridas.

Por eso se hace canción,

fe puesta a prueba, una y otra vez,

mientras tu geografía cambia y te transmuta.

 

Aunque nunca escaparás del barro:

ni con la arena, ni con el fuego,

ni con tus propios pies.

 

Sólo quedándote renacerás de nuevo.

 

Y el soplo volverá a ser melodía,

preparándote al fin para tu viaje.

 

   El poeta argentino Carlos Juárez Aldazábal propuso este poema, que pertenece a su libro “Piedra al pecho”, publicado por Valparaíso en 2013).

 

 

    Rigoberto Paredes

  

   Mar adentro

 

             A Rafael Rivera                                     

                                                           

 Ya los barcos doblaron                               

 la esquina de las aguas                             

 que miramos unirse                                   

 el cielo arqueado y hondo.                           

 Apenas unas manchas se divisan,                     

 pero aquí, entre nosotros,                            

 presas del abandono,                                 

 manos y voces se alzan todavía amorosas.             

 Los viajeros, en proa, no verán hacia atrás.         

 Otro mundo despunta, otro mundo alto y fresco       

 en la cabeza de todos los viajeros.                 

 Noche y día ojearemos las crestas del aguaje.       

 Talvez el viento arrastre un olor, un silbido,       

 algo de cuanto asimos fuertemente a los pechos       

 que hoy vibran apartados.                           

 Cómo áspera maleza crece el mar en nosotros.         

 Su falso azul revienta en los peñascos               

 y sólo nos devuelve restos de lo perdido.           

 Igual,                                               

 la vida nos envía                                   

 sus rápidas señales,                                 

 a su paso,                                           

 muy lejos de esta orilla. 

 

   Anarella Vélez Osejo, de Honduras (@anarellavelez), propuso este poema de su compatriota Rigoberto Paredes.

 

 

   Camila Charry Noriega

 

   El polvo

 

Te acordarás de la luz inmóvil

sobre el rostro de tu madre,

del mechón sobre su mejilla

impasible a la ola de los dedos,

el soplo de la tarde

en continua fuga;

recordarás sus cejas pulidas

las zanjas en la frente,

su cuerpo todo

llamado a la frontera.

 

Te acordarás del fondo del jardín,

de sus grietas como nervios

que lo han hecho más

oscuro por remoto;

del mantel y sus signos derramados

bajo un pan renegrido

que urdían la promesa de la sed;

del cigarro en su neblina

velando los ojos de tu padre

y de una naranja en cuyas venas

se anunciaba la intemperie.

 

Y del polvo,

cómo flotaba entre la casa

cómo resplandecía insistente

cuando la luz lo recobraba

de lo hondo

como si desde él

la fragilidad de todo

pudiera adivinarse

y su apego a lo más elemental

acentuara el derrumbe de los días.

 

Recordarás que en abril

las nubes se empuñaban

sobre las montañas

y llovía,

mientras ese polvo

como un dios ligero

acababa por cubrir en la cocina

la densidad del fuego.

 

Recordarás este ahora

y el agua en este vaso,

su temblor casi imperceptible

que revela en los objetos

que se observan a través

la opacidad:

un vértigo de extraña aparición

semejante a los prodigios

de lo que te precede.

 

Sabrás que el polvo guarda

el deseo

de lo que hunde;

multiplicidad que reclama

en todo lo que existe

la perdida unidad.

 

   La poeta colombiana Camila Charry Noriega envió este poema, que pertenece a su libro “Arde Babel”.

 

   Ana Muñoz Cubero

 

   2018, tejiendo infinitas redes de humanidad

 

No echaré de menos la injusticia que licua a los débiles.

No dejaré abierta la puerta trasera por la que se cuelan

los malos presagios y las agonías lentas.

No venderé al mejor postor las palabras inmaculadas.

 

Tamizaré los errores, elegiré los aciertos

y no buscaré la estrecha vía

de los malos momentos de un año que expira manchado de sangre.

 

No añoraré, no añorarás el brillo vacuo. Ni los días fatuos,

ni las mentiras a propósito. No ambicionéis el frío del oro.

Hagámonos fervientes discípulos de la religión de los abrazos.

 

Abramos la ventana a la esperanza, a las gentes de bien,

a que el aire frío llene la casa de oportunidades.

Abramos el grifo de la utopía para que la abundancia

inunde los cajones vacíos de quienes respiran, cenan

y sueñan desdicha.

 

Que el año que entra no nos llene de hipocresías inútiles.

Haz, haced pequeñas migas de bondad

para que podamos hallar un camino hacia la cordura.

Quiero que luzca la risa asomada al balcón del 2018.

 

Por ti, por mí y por el mundo

subamos la invisible escalera de la tolerancia.

Peldaño a peldaño tejiendo infinitas redes de humanidad.

  

   Ana Muñoz Cubero (@ContarEnBreve), de Alcalá de Guadaira, Sevilla, Andalucía, España, envió este poema suyo.

   La autora publica textos en: https://contarenbreve.blogspot.com.es/

 

 

   Laura Podadera

 

   Qué extraño lugar es el presente

 

Qué extraño lugar es el presente
que como una ventana abierto está
y los vientos del pasado nos mecen
los cabellos al asomarnos y mirar.

La luz del futuro en nuestra cara
ilumina y calienta nuestra piel
mientras miramos desde la ventana
lo que será y lo que fue.

El año ha pasado como ese gorrión
que de una punta hasta otra de la calle
buscaba con qué alimentar el corazón,
buscaba un huequito donde resguardarse.

Qué extraño lugar es el presente
que igual que la lluvia cuando te moja
en pasado ya se convierte
y es el futuro la que aún no te toca.

Desde él todo parece estar quieto,
lo que fue es una foto que mirar,
y en él creamos los sueños
que en el futuro pedimos alcanzar.

El año ha pasado como todos,
del mismo modo que pasa la vida,
la tierna primavera poco a poco
da paso al verano y su alegría.

Y con la sabiduría de septiembre
los ojos alcanzan a ver
que no hay verano "para siempre"
y entonces empiezan a llover

los colores de la nostalgia de octubre
que alfombran el suelo de añoranza,
leña caída que servirá de lumbre
para calentar las manos de la esperanza.

Qué extraño lugar es el presente,
El tiempo se parece al invierno
no lo ves llegar, pasa siempre,
hasta que el frío te cala los huesos.

Y ves que al fin, ya ha pasado un año,
llegan los propósitos y las enmiendas,
y decimos no volver a abandonarnos,
cumplir al fin esas promesas

que nos hacemos una y otra vez 
endeudándonos con nosotros mismos.
Cumpliremos ahora, querer es poder,
este año será distinto.

Qué extraño lugar es el presente,
no dura nada y sin embargo
no acaba nunca ni se detiene.
Es infinito en su acotado espacio.

Y entonces los ojos se nos llenan
de esa cálida ternura infantil
que trae de a poco la certeza
de que la primavera vuelve en abril.

Y tendremos de nuevo un verano
joven y eterno, eternamente joven
que llenará nuestras manos
de agua que no corre.

Y vendrá otra vez septiembre
a separarnos los dedos
para que el agua se cuele
libre entre ellos.

Y volverá de nuevo la esperanza
a calentarnos en Diciembre
que como dijo Cortázar
la esperanza no nos pertenece,
es la misma vida defendiéndose.

 

   Laura Podadera (@laupoda), de Málaga, España, envió este poema.

   Ella publica textos en  http://laupoda.blogspot.com.es

 

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